En 2015, los países sacaron adelante el histórico Acuerdo de París para evitar que el calentamiento global superara los 1,5 ºC. Una década después, el planeta se sitúa en promedio en unos 1,4 ºC y el agosto 2026 era el más cálido registrado, a 1,65 °C por encima de los niveles preindustriales. A nivel global, las emisiones de gases de efecto invernadero no han dejado de aumentar. La comunidad científica ha ido confirmado poco a poco esta derrota, a la que ahora se suma el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En un informe publicado esta semana, PNUMA advierte de que se intensificarán los fenómenos meteorológicos extremos.
“En todo el mundo, las olas de calor extremas ya están demostrando que los impactos climáticos golpearán más rápido, con más fuerza y durarán más tiempo, costando más vidas y causando una disrupción más profunda”, advirtió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA. De hecho, Europa registró en 2026 su verano más caluroso y mortífero hasta la fecha, con un exceso de mortalidad que supera las 35.000 víctimas.
Mientras, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la mayor autoridad científica en cuestiones de clima, confirmó ayer que el fenómeno de El Niño se intensificará aún más hasta ser muy fuerte y que persistirá al menos hasta febrero de 2027, alterando las pautas de lluvias y temperaturas en todo el mundo.
Los cambios en la temperatura y patrones de lluvia aumentarán los riesgos de inundaciones, sequías y calor extremo, ha reconocido en Ginebra la argentina Celeste Saulo, secretaria general de la OMM. En Centroamérica y el sur de México, la alteración de las lluvias ha provocado una fuerte sequía y escasez de agua, lo que ha sido catastrófico para los cultivos de maíz. Miles de familias campesinas ya están afectadas.
Frente al “colapso del clima”, la comunidad científica, académica y sanitaria internacional ha alzado la voz para denunciar la falta de acción real. Para revertir esta inacción, la hoja de ruta propuesta urge a que “todos los gobiernos e industrias” sean “obligados a rechazar el retardismo climático y, en su lugar, reducir rápidamente las emisiones (…) mediante la eliminación de sus fuentes principales –los combustibles fósiles y la ganadería industrial”, exigen cientos de científicos en su manifiesto.
Cabe recordar que en México la principal fuente de emisiones es la quema de combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) para la generación de electricidad y el transporte, que representa el 70% del total. El sector agropecuario contribuye con cerca del 15%, destacando el uso de fertilizantes químicos y la ganadería. La industria manufacturera y el manejo de residuos completan las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero.
México emite alrededor de 784 millones de toneladas anuales de dióxido de carbono, posicionándose entre los mayores emisores de gases de efecto invernadero a nivel mundial, y desde 2019 ha aumentado su intensidad de emisiones debido a su política energética.
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