En la edición actual del boletín de análisis y reflexión El Topil “Energía y Desarrollo”, Gustavo Castro Soto analiza las raizes del “desarrollo” en el Modelo Extractivista y las alternativas frente a esa falsa idea de progreso. Surge la pregunta: ¿Desarrollo para quién?, ya que personas que cuestionan el modelo suelen ser desdeñados por los gobiernos e inversores.
El Modelo Extractivo tiene muchas caras, puede ser minero, ernergético, agroindustrial o hasta cultural. La característica que lo hace tan destructivo es que causa daños irreparables, no dando tiempo a la naturaleza ni a las personas a recuperarse.
Esto ha sido posible gracias a las políticas neoliberales que han puesto en manos privadas bienes que antes estaban en manos comunales. Con la consecuencia de “concentrar mucho territorio en una sola empresa, expulsar y desplazar a pobladores locales y romper sus medios de vida, apropiarse del bien y controlar su precio.” Los megaproyectos se mantienen explotando a los trabajadores, que incluso son reprimidos por reivindicar derechos humanos fundamentales.
Según Gustavo Castro un gobierno necesita asegurar tres cosas para que ese sistema del extractivismo funcione: 1. La seguridad sobre la tenencia de la tierra, es decir, leyes que permiten expulsar de sus tierras a personas que antes estaban en manos de ejidatarios. 2. La seguridad jurídica y leyes que favorezcan y facilitan las inversiones, como la modificación de leyes ambientales o del agua. 3. La seguridad socio-política, que movilizaciones y resistencias de la población no afecten la inversión, lo que ha resultado en la criminalización de las protestas y al asesinato impune de defensores y defensoras.
Ante este contexto, subraya la importancia de “definir nuevas estrategias de prevención para disminuir el costo de la resistencia” y de construir alternativas locales de vida. “Cuando los pueblos logremos consolidar autonomía energética, alimentaria, de salud, de educación, de comunicación, estaremos caminando a otros modelos locales descentralizados, en manos de los pueblos rurales y urbanos” que primen sobre el mercado y el lucro.
El activista ambientalista de Otros Mundos Chiapas enfatiza que la búsqueda de alternativas debe ser cimentada en la solidaridad y descentralización. Y ya existen muchos esfuerzos comunitarios que buscan alternativas y crean vida y felicidad de muchas formas. Economía Solidaria, ecotecnologías apropiadas, proyectos agroecológicos, formas de educación autónoma, “son signos de que los pueblos están vivos, creando y fortaleciendo la esperanza en que otros mundos son posibles”.
Descargar El Topil 54. Energía y Desarrollo (pdf, 16 pág.)
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