Alternativas Oaxaca

El Río Verde y la pesca tradicional, alternativas en Paso de la Reyna

By 18 marzo, 2020 abril 14th, 2020 No Comments Etiquetas: , ,

Despierto al pez que traigo bajo los párpados

soy un reptil que tardó en caminar en dos patas

anuncio mi nombre en mi costado

estoy desnudo por fuera

el norte me parece una barca de Noé

el sur un pedazo de tabla.

La canción de los ahogados

(Antonio Salinas)

Sobre la vereda que conduce al río y bajo su cobijo de árboles, los pájaros se desperezan en las ramas, a esa hora se conjura la claridad sobre el río, agua cristalina, lecho de piedra, sosiego de peces que juegan a esconderse de la luz que se reflecta sobre sus escamas. Desde la orilla, Noé observa el cardumen deslizarse lentamente entre las líneas de agua.

Todos los días, Noé despierta de madrugada, el café yace sobre la hornilla caliente, y por toda la casa se aspira el aroma profundo a madera tostada, mientras su compañera prepara el desayuno, él prepara las cuerdas, los anzuelos, el visor, la tarraya y la plomada. Después del café y el caldito de res, Noé y su hijo mayor emprenden el camino hacia el río. Noé Robles ha dedicado la mayor parte de su vida al campo, desde joven acompañaba a su padre a las largas jornadas de siembra y cosecha en el encierro de su familia ubicado en la entrada de la comunidad del Paso de la Reyna. Noé alterna su tiempo entre las actividades en el campo y la pesca en el río, lo que le permite ofrecer una variedad que enriquece la alimentación de su familia.

Desde que la comunidad chatina de Paso de la Reyna, llegó a asentarse a sus orillas, la presencia del Río Verde ha tenido gran importancia en el desarrollo de la vida de esta población originaria, ya que de sus aguas dependen el riego de los cultivos y la pastura para los animales que crían, además de la pesca de una diversidad de peces y mariscos que fortalecen su alimentación diaria. La pesca tradicional es una de las actividades principales que realiza esta comunidad situada en la Costa de Oaxaca, por lo que, con el tiempo, la gente ha diversificado las formas de pescar, dependiendo de la temporada, la pesca se realiza del mes de septiembre a fines de mayo, que es cuando ha pasado el tiempo de lluvias y las aguas del río ya no están revueltas.

Noé comparte que estas formas de pesca tradicional se reproducen actualmente, desde las y los niños hasta las abuelas y los abuelos de la comunidad, que dedican gran parte de las horas del día en la ribera del río. Además de alimento, el río también provee espacios de recreación comunitaria para la población.

Uno de los peces pertenecientes a las variedades endémicas de la región es la blanquilla, cuya temporada de reproducción es respetada por la gente, que espera la corta temporada de pesca que abarca los meses de octubre y noviembre; las señoras utilizan una olla de barro donde suelen cocer frijoles o atole para poder atrapar las blanquillas, colocan un pedazo de masa cocida en el fondo de la olla, ésta se coloca en el río y se agita el agua para llamar a las blaquillas, después de un rato, se tapa la olla para atrapar a las blanquillas que han entrado a comer la masa. En esos meses, la playa del río está llena de gente que desde temprano se instala en la orilla, donde toda la familia acampa, las mujeres pescan mientras las niñas y los niños juegan y aprenden a pescar, a la espera de que las blanquillas estén listas para cocinarse.

Como cuenta el maestro Eloy Cruz, la pesca es una actividad que las personas realizan en la comunidad desde hace mucho tiempo: “Antes las personas iban a pescar con hachones en la noche al lugar que llamamos Río Viejo, amarraban un manojo de ocote con el que se alumbraban, y se iban a la orilla del río en la noche, y con el machete atajaban a las lisas, los roncadores y los peces que encontraban dentro del agua. En aquellos tiempos, cuando el río traía mucha agua, había pez espada, cuatete, roncador, robalo, pero con la presa derivadora Ricardo Flores Magón que nos pusieron, mucho del pescado se fue acabando porque ya no van río arriba a reproducirse”. Para esta actividad han elaborado métodos y utensilios tradicionales, como la chicalmaca. La pesca es una de las alternativas con la que la gente ha diversificado, desde su lógica comunitaria en armonía con la naturaleza, las formas de acceder a una economía que les permite sustentar sus modos de vida.

La chicalmaca es un utensilio tradicional que se utiliza para pescar el camarón en el río. Este utensilio consiste en una vara de madera flexible con la que se forma un óvalo al que se teje una red en forma triangular sobre su cintura convexa para que en el fondo queden atrapados los camarones. Las señoras sumergen la chicalmaca y sacuden las piedras para asustar a los camarones, que generalmente se encuentran debajo de las piedras en la orilla del río, al intentar escapar, quedan atrapados en la red de la chicalmaca. Estos camarones son utilizados para preparar el caldo de piedra, uno de los platos tradicionales de la Costa, para cuya preparación se utilizan piedras de río y se remonta a tiempos inmemoriales. Este plato era preparado principalmente por los pescadores, quienes al pasar todo el día en el río, dedicaban un rato de la tarde a preparar parte de la pesca, para lo que utilizaban una de las cuencas naturales formadas por el río en las piedras, donde, además de colocar los camarones y las verduras como el jitomate, la cebolla, el chile verde y el epazote, colocaban las piedras de río puestas en una fogata previamente, de tal manera que al contacto con el agua y los camarones, éstos hacían hervir el agua lo que provocaba su cocción. Lo que comparten las señoras y los señores es que el sabor es totalmente distinto a cuando se cocina de otra manera debido a esta forma tan particular de cocinarlo.

Dentro del Río Verde, la pesca no sólo se realiza con tarraya o con cuerda de pescar, Pedro González nos cuenta: “Ahí se sumergen los compañeros que buscan una mojarra, muy diferente a la pesca de mojarra que se agarra con el anzuelo o el trasmallo, esta se trata de agarrar la mojarra más grande para clavarla con la varilla con la idea de llevar pescado para compartir con toda su familia. Los hombres, principalmente, tienen la forma de atrapar a la mojarra con una varilla, para lo que se sumergen en las partes profundas, entre las ramazones que se forman dentro del río cuando la corriente arranca los brazos bajos de los árboles y los almacena en los recodos, ahí es donde se encuentran las mojaras. Venimos al río y ahí tenemos toda esa riqueza que el río nos brinda, como es la mojarra, el camarón, la conga, lo que estamos diciendo no es mentira, son animalitos que se producen a lo largo de todo el río, y tenemos diferentes formas de cómo pescarlos.”

La conga, o mula, como también le llaman a esta especie de langostino, crece de manera natural en el Río Verde. La gente acostumbra atraparla desde el mes de marzo, en un lugar que se llama “Mata de Carey”, donde hay piedras, este animalito es similar al endoco, acostumbran a andar sobre la arena y las piedras, por lo que es necesario un visor para poder sumergirse y atrapar las congas con la mano, que luego se depositan en una cubeta, generalmente es una forma de pescar colectiva, ya que entre varios se sumergen para sacar las congas mientras otros están en la orilla cuidando las cubetas donde se van almacenando, esto no se puede hacer en todo el río, hay lugares especiales, peñas o peñascos que están dentro del río donde crecen naturalmente. Las congas se preparan de diversas maneras, desde tradicionales tamales, al mojo de ajo, a la diabla, en caldo que luego se compartirán en la mesa con las deliciosas tortillas hechas en comal.

La señora Gudelia Mendoza empezó a pescar desde pequeña, cuenta que cuando era niña acompañaba a la gente grande al río y agarraba pescaditos, cuando llegaron a vivir al Paso de la Reyna había mucho animalito en el río: “había alaguate, cuatete, endoco, me iba a los camarones y agarrábamos de todo en el río, pero había mucho, eran morralas las que agarraba, llegando lo vendía por plato y compraba sal o un kilo de azúcar, había mucho, pero ahorita ya no, por la presa. Una vez, mi papá agarró un pez espada, que lo trajo con mi primo porque estaba grande, grande, pero ahorita ya no hay mucho como antes. Acá me vine como de doce o trece años, cuando me casé tenía dieciocho, luego tuve mis hijos y para que ellos comieran, me iba a los camarones, hacía caldo para ellos y lo demás lo vendía, así vivíamos. La necesidad me enseñó a pescar, no teníamos ni cómo vivir, ni nada, entonces nos íbamos a la pesca. Y así, ya si no vendía lo que pescaba, hacía los tamales de pescado o de camarón para cenar.” La mayor parte de la gente que vive en el Paso de la Reyna se dedica a la agricultura, a la siembra de la milpa, donde todavía conservan parte de sus semillas criollas, de donde obtienen frijol y maíz, frijol blanco, jícama, calabaza, ejote, además del autoconsumo, la gente comercia para obtener productos como jabón, azúcar, etc. La señora Gudelia nos habla de la variedad de semillas que la comunidad ha mantenido a resguardo, además de cómo esto se reproduce de generación en generación y cómo son parte fundamental de su dieta: “A mi nieta la traigo a pescar, le digo vamos, desde los cuatro años me la traía en el río, antes me dedicaba a pescar de todo, porque había mucho, pero ahora sólo el camarón y la blanquilla, si tenemos ejote, agarramos blaquilla, y la freímos y con la salsita y la tortilla y pues ya pa’ qué más.”

Por siglos, el Río Verde ha provisto de agua a las poblaciones originarias asentadas en la Costa de Oaxaca, no sólo es su fuente principal de agua, indispensable para la vida, sino que es una entidad a la que le han otorgado potestad: “El Río Verde es nuestro padre, que nos defiende cuando estamos indefensos, es nuestra madre que nos alimenta”. Personas como Noé y la señora Gudelia, desde actividades relacionadas con sus formas de vida, como la pesca tradicional, han organizado, en torno al río, la vida de sus familias y de los demás pueblos y comunidades originarias vecinas del río, por lo cual, desde hace años, y ante la amenaza a su territorio y los espacios que lo construyen, estas comunidades se han organizado en el Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del Río Verde, COPUDEVER, en el cual han refrendado su compromiso con la vida y la defensa de su territorio, que abarca además de los espacios que habitan, esos otros territorios como la lengua y la cultura, desde donde traducen su ritualidad en torno al agua, en reconocimiento a las entidades sagradas que lo habitan.

Es así como esta comunidad chatina ha hecho de la pesca tradicional, una de las principales actividades que alimentan su identidad, también es una de las alternativas para desarrollar la economía local, que está en constante relación con lo social y lo cultural. La comunidad de Paso de la Reyna, ha construido, desde la organización comunitaria, desde sus prácticas y saberes apegados al respeto por la naturaleza y los bienes naturales, una alternativa con la mirada puesta en el cuidado de los ciclos de reproducción de las especies como la conga y la blanquilla, para evitar su sobreexplotación y que les permita satisfacer sus necesidades primordiales.

Sobre la lógica comunitaria bajo la cual las poblaciones originarias reproducen sus formas de vida, estas alternativas comunitarias, arraigadas dentro de los territorios de las comunidades, construyen espacios desde los cuales, las poblaciones originarias representan un reducto de resistencia ante las constantes imposiciones de modelos económicos excluyentes de su perspectiva comunitaria, que las comunidades han tenido que enfrentar, por lo cual, se hace necesario escuchar estas voces que reproducen las prácticas que han alimentado su vida comunitaria, desde su hacer y andar milenario.

Astrid Paola Chavelas

Red de Defensoras y Defensores Comunitarios de los Pueblos de Oaxaca

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