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San Dionisio del Mar y la resistencia de los pueblos que habitan la zona lagunar

La salida de San Mateo del Mar se proyectó para las siete de la mañana, la primera parte de la comitiva abordó la camioneta de redilas en Laguna Santa Cruz, ahí, las autoridades comunitarias, el consejo de ancianos y los compañeros del Comité Defensores del Territorio se acomodaron lo mejor que pudieron para emprender el largo viaje hasta el otro lado de la laguna. En la explanada municipal de San Mateo del Mar ya esperábamos los demás, bajo el arco de colores en el que se trasforman las gotas de lluvia al contacto con los rayos del sol. El espejismo se desvanece y avanzamos.

Para llegar a la comunidad de San Dionisio del Mar, desde el otro lado de la laguna, hay que emprender el camino que rodea las comunidades de Huilotepec, Álvaro Obregón (Gui’ xhi’ Ro), Santa Rosa de Lima, Juchitán, Unión Hidalgo (Rancho Gubiña) y Chicapa de Castro, sobre la terracería que a momentos corre paralela a las vías del tren, y a momentos se pierde entre la espesura del verde que se multiplica sobre las palmeras, las huertas y los ranchos que apenas hace un par de meses reventaban de cempasúchil y flor de terciopelo. En la desviación de Pepe y Lolita enfilamos hacia Juchitán y su versión posmoderna de los molinos de viento, cientos de ventiladores eólicos que rasgan las nubes arrastradas por el norte.

A pocos minutos del puente El Estero se visualiza Rancho Gubiña, sobre el muro de una de las casas, Na Rosita abraza una vivienda tradicional y nos mira desde el mural pintado por el colectivo Círculo 21. Preguntando, damos con la desviación hacia Chicapa de Castro. El camino transmuta de las casas de teja a las enramadas sobre las que se guarece las hamacas. Las vacas, bestias inmutables acompañadas de sus becerros reclaman su derecho primigenio de tránsito. Con el cerro del Tigre de fondo, vadeamos el camino, tres horas de terracería se terminan sobre calles donde las mototaxis van y vienen. El sonido de la banda de música nos guía. La comitiva integrada por la Asamblea de Pueblos de San Dionisio del Mar se dirige hacia el casino municipal después de la misa de agradecimiento. El viento sacude las hojas de los árboles sembrados en el parque, al fondo, la iglesia de tabiques rojos muestra una de sus paredes sostenidas por maderas, el arco de la puerta, también apuntalado, se disfraza entre las flores y el tul que lo decoran. Dentro del casino, el sonido llama a las personas a ocupar sus lugares. Sobre las paredes, murales que reflejan la vida cotidiana de la comunidad, las mantas repiten las consignas: “El agua, el aire, el mar y la tierra no se venden”, una de ellas reproduce un mapa de la zona lagunar, la barra Santa Teresa y las lagunas inferior y superior.

La banda de música da paso a la flauta y el tambor, instrumentos de música tradicionales de la comunidad. Alejandro Sosa López, presidente de la Asamblea General de Pueblos de San Dionisio del Mar, da la bienvenida y presenta a las personas que integran la mesa, entre ellas, la autoridad de Laguna Santa Cruz, los compañeros Defensores de la tierra, UCIZONI, Na Guadalupe Ramírez, de las Mujeres en lucha en defensa de la vida de Rancho Gubiña, el compañero Pedro, de Gui’ xhi’ Ro’, organizaciones como el Centro de Derechos Humanos Tepeyac, Código DH y Pobladores A.C. Destaca la presencia de los pueblos de la zona lagunar, así como las comunidades que están en resistencia ante los megaproyectos que pretenden despojarlos de su territorio.

El 29 de enero se conmemora el aniversario de la resistencia de la Asamblea de Pueblos de San Dionisio del Mar contra la imposición de un proyecto eólico en la Barra Santa Teresa, espacio común que comparten estas comunidades de pueblos cuya actividad económica productiva principal es la pesca. Por lo que la instalación de ventiladores en la zona lagunar, representa un impacto negativo no sólo al medio ambiente, sino a la economía y las formas de reproducir la vida de las comunidades originarias. Así, desde hace ocho años las comunidades, han celebrado la resistencia de los pueblos que habitan la zona lagunar y que, en el contexto de este nuevo gobierno se han rearticulado para imponer resistencia contra los megaproyectos que amenazan sus territorios. Este día, ante la Asamblea de Pueblos de San Dionisio del Mar, escuchamos sus voces, que, en lengua materna como el Diidxazá y el Ombeayiüts, siguen presentes ante las amenazas que les siguen acechando, sus manos y sus fuerzas están puestas en seguir haciendo de estos espacios, universos para habitar. Las comunidades pertenecientes a la zona lagunar han reafirmado el compromiso de defender a la laguna, de acompañarse y juntas, y juntos, hacer barricada para defender el agua, la tierra, el viento y el mar ante la visión neoliberal del gobierno y su intención de imponer un camino que permita la entrada de las empresas eólicas a la Barra Santa Teresa, lugar donde la mayoría de estos pueblos pescadores obtienen los productos que significan el sustento de sus familias, “el mar es el patrimonio de nuestros hijos y lo vamos a defender”.

Isaúl Celaya, integrante de la Asamblea de Pueblos agradece a las personas presentes y hace un recuento de las luchas que han tenido que librar durante ocho años, las personas y las organizaciones que les han acompañado, recuerda el apoyo de los pueblos no sólo del Istmo: las y los compañeros de San Salvador Atenco, La Parota, el Consejo de Pueblos Unidos por la Defensa del Río Verde, el COPUDEVER. En sus palabras, Isaúl trae a la memoria al compañero Bernardo Vásquez, defensor comunitario asesinado por defender su comunidad de un proyecto minero, de quien este marzo se cumplen ocho años de su cobarde asesinato. El compañero finaliza su participación expresando: “nuestras tierras no se venden, sabemos que esta lucha no termina, que nos queda mucho camino que recorrer”. Las voces de las personas que participan durante la celebración ponen el énfasis en la importancia de la laguna, del mar y de la tierra para las comunidades, “hemos estado acompañando estos ocho años y los años que vengan, son tiempos difíciles, no por la 4T crean que van a cambiar las cosas, este gobierno es igual de represor y al servicio del capitalismo, el cambio está en la lucha de nuestras comunidades. Muchas gracias por todos estos años de lucha, resistencia y dignidad, eso ha cambiado en la zona lagunar, la gente ha cambiado en conocer sus derechos, desde la acción directa, desde el bloqueo, mucho de lo que ha sucedido ha sido por la conjunción de todas las comunidades. Esta lucha es de todas y de todos, de quienes tienen los pies aquí”.

En la última participación de la celebración de la tarde, la compañera Tirsa Altamirano expresa en lengua materna el sentimiento y el pensar de las mujeres de San Dionisio del Mar respecto a su realidad, “queremos resguardar el mar y queremos seguir alimentándonos de él” pero también expresa que las mujeres quieren que su voz y sus exigencias como mujeres se escuchen, “queremos un lugar donde las mujeres no vivamos violencia de nuestros maridos, queremos ser libres de andar”. San Dionisio del Mar, al igual que la mayoría de los pueblos de la región del Istmo, ha sido históricamente marginados, a pesar de las promesas de desarrollo económicos a partir de la imposición de proyectos. Esto se reconoce en la voz de las mujeres Ikojts, que exigen mejores servicios de salud, donde haya personal médico con atención integral como odontología, nutrición y servicios básicos como ambulancias y medicinas.

La fiesta termina con los compañeros de San Mateo del Mar que, con sus guitarras amenizan con canciones Ikoots, la comida que las señoras han preparado. Así, entre charlas y música compartimos la barbacoa, la salsita verde y las tortillas. De itacate llevamos, en las bolsas, el delicioso pescado empapelado, y el ánimo de la palabra compartida, aliciente para retomar las fuerzas para el largo camino de regreso a casa, de vuelta al corazón, como siempre, del otro lado de la zona lagunar.

Astrid Paola Chavelas

Red de Defensoras y Defensores Comunitarios de los Pueblos de Oaxaca