La Minuta

Por el derecho a una educación sin rezagos para niñas y niños desplazados de Atatlahuca, Oaxaca

“Agua es mi sangre, viento es mi aliento, tierra es mi cuerpo y fuego es mi alma” canción que Irma Galindo le enseño a los hijos de Cielo Alvarado Bautista, artesana mixteca.

Cielo les imparte clases de lectura y redacción a niños y niñas desplazados de Ndoyonuyuji, municipio San Juan Bautista Atatlahuca que viven desde hace medio año en el albergue de Tlaxiaco, refugio al que llegaron 67 personas desplazadas, después que “le fueron quemadas sus casas por defender un bosque, viviendo con el sueño de algún día poder regresar y recuperar la vida que abandonaron a la fuerza”.

El principal objetivo de Cielo es que los niños y niñas no sigan con el rezago en el que viven, por ello decidió impartirles clases que constan de 3 horas diarias, además, lamenta la falta de atención por parte de las autoridades, quienes no han hecho lo propio por garantizar un retorno seguro a su comunidad de origen. Ante tal situación han recurrido al Centro de Derechos Humanos y Asesoría a Pueblos Indígenas (Cedaphi), que dirige Maurilio Santiago, para recibir acompañamiento legal.

Mirando el contexto y ante la falta de oportunidades de empleo, Cielo comparte técnicas de bordado a las mujeres desplazadas para que obtengan un ingreso, dichas técnicas las aprendió de Irma Galindo, ahora ella “la recuerda y mantiene viva al transmitir sus aprendizajes” exponen en Página 3.

Toda la nota de Diana Manzo: “No soy maestra, pero todos tenemos derecho a una educación”: Cielo es una artesana que imparte clases a niños desplazados en Oaxaca. Contexto: Mixtecos desplazados denuncian muerte de niña de 3 años por desnutrición y Exigen aparición con vida de la defensora Irma Galindo durante diálogo del Mecanismo de Protección