En el curso de las últimas semanas, Estados Unidos ha desplegado ocho buques de guerra y personal militar en el Caribe, cerca de Venezuela, oficialmente para combatir cárteles de la droga. Al ver las siluetas de los cruceros norteamericanos frente a las costas venezolanas, vienen a la memoria varios episodios de las agresiones imperialistas en América. Uno de los más notables, pero quizás poco recordado, es la agresión de una flota europea enviada a cobrar la deuda externa que no alcanzaba a pagar Venezuela.
Entre fines de 1902 y principios de 1903, Venezuela fue bloqueado por una flota anglo-germano-italiana. Los pocos barcos venezolanos fueron destruidos. Las tropas extranjeras desembarcaron para proteger a sus connacionales y a sus intereses de la “tiranía extranjera”, como diría, para justificar la agresión, el canciller alemán Bernhard von Bülow.
Venezuela invocó sin éxito la doctrina Monroe (que establecía que cualquier intento de intervención de potencias europeas en los asuntos de los países de América sería visto como una amenaza a la paz y la seguridad de los Estados Unidos). Los Estados Unidos se cruzaron de brazos ante la agresión europea para evitar que se les incomodara en sus planes de “independizar” a Panamá. El bloqueo naval tuvo su fin con el Protocolo de Washington firmado el 13 de febrero de 1903. Estados Unidos actuó como mediador al ser un supuesto país neutral en la situación. En este protocolo se acordó que Venezuela pagaría a plazos sus deudas con el 30 % de sus ingresos de aduana.
En su artículo sobre estas intervención imperialistas, el activista ecuatoriano Alberto Acosta insiste que “no se puede olvidar que poco antes los Estados Unidos, en plena fase expansionista, ocuparon Puerto Rico y Cuba, avanzando también hacia Hawai, Guam, Filipinas. Y tampoco pueden desaparecer de la memoria las agresiones militares de los EEUU para cobrar las deudas en Haití, República Dominicana, Nicaragua…”.
En la actualidad, están presentes, una vez más, las pretensiones imperiales, afirma el economista Acosta: “En realidad, el combate al narcotráfico resulta un pretexto, si se considera que el grueso de la droga que consumen en los EEUU, ni se produce en Venezuela, ni cruza por allí”. Recordar la historia “nos proporciona el conocimiento y las herramientas necesarias para comprender mejor las actuales apetencias de un imperio en decadencia, que se repliega a lo que considera su patio trasero: ¡Nuestra América!”
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