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La Minuta

Mientras empresas extraen y capitalizan información, “lo que falta es gobernar los datos como un bien colectivo”: SURCO

Una escena común: una persona hablante de una lengua originaria firma un acuerdo de consentimiento con un equipo de investigación de una universidad nacional para grabar su voz en un proyecto de digitalización. El acuerdo individual ampara al equipo y a su institución para usar la grabación en la construcción de su modelo lingüístico. Lo que no entra en el acuerdo es que la lengua que se graba no es una propiedad individual que se pueda transferir de una persona a una institución, ni sobre la cual una persona pueda dar permiso de uso: una lengua es una construcción colectiva de generaciones, un reflejo de cultura, condiciones de vida, intercambios, migraciones y mucho más. Es un bien común de todo un pueblo que rebasa la ficción legal de un consentimiento individual. El modelo que se construye a partir de esta y otras grabaciones individuales depende en el fondo de este bien común que se llama lengua, y el valor que genera ese modelo también debe ser un bien común.

El ejemplo de la lengua, donde la articulación es individual pero depende de una creación colectiva, es el principio que está detrás de toda la economía de plataformas que se ha ido gestando en los últimos años, algo que las empresas saben y capitalizan y que la ley se niega a ver. La economía de datos extrae su valor de lo colectivo, de la relación de los datos personales con otros datos. La jurista Salomé Viljoen lo describe así: las empresas recolectan datos para saber cómo se relaciona cada persona con las que se le parecen, y aplican ese conocimiento a poblaciones enteras. Desde nuestro lado, una grabación parece un derecho individual sobre el cual ejercemos control, pero para el modelo se vuelve parte de su capital. La contradicción es que el valor se produce en colectivo y el derecho se asigna en individual.

Ver los datos solamente como atributos individuales y enfocar la protección en el punto individual, con rituales de consentimiento (“Si estás de acuerdo con que usemos tu información, da clic en aceptar”) y funciones de cookies donde una persona puede hacer “opt out” de ciertos datos, es equivocarse sobre el funcionamiento de esta economía. La ley (derechos ARCO, protocolos de investigación) se ocupa del momento de la extracción: das clic porque estás de acuerdo o, generalmente, porque no te importa, o firmas porque tienes confianza en quien investiga. No hay una regulación de lo que pasa después, cuando estos datos (palabras, caminatas, hábitos, compras) se vuelven parte del capital de las empresas, construyen otros modelos o se venden por precios exorbitantes a otras empresas, que es cuando se manifiestan los beneficios y los daños. Por ejemplo, en 2024 Reddit firmó con Google una licencia para entrenar modelos con su contenido, reportada en unos 60 millones de dólares al año. Reddit cobró por contenido creado enteramente por sus quienes usan la plataforma. No cabe duda de que los datos individuales pueden tener valor para estafas y fraudes digitales, pero la gran ganancia está en el funcionamiento de las plataformas mismas, que depende de la digitalización de las relaciones sociales.

Podemos llegar a esta conclusión por otro lado. Podemos intentar sustraernos de esta economía, vivir sin celular, no dar consentimiento a nada. Y sin embargo vamos a ser parte de ella, porque aparecemos en los dispositivos de nuestra familia, de nuestro vecindario, de los negocios que frecuentamos. En 2018, Facebook reconoció que estaba recolectando datos de personas que no tenían cuenta en Facebook. O, más concretamente, cuando una prima instala WhatsApp y le da acceso a sus contactos, entrega a la empresa Meta nuestro número y el nombre con el que aparecemos en su agenda, aunque nunca hayamos abierto una cuenta. Aunque nunca dijimos que sí, estamos allí. Un problema social no se resuelve con acciones o protecciones individuales. Lo que falta es gobernar los datos como lo que son: un bien colectivo.

Oliver Fröhling ¿Por qué los datos? El valor es colectivo, el consentimiento es individual. – |Notas La Minuta SURCO analiza la legislación de datos y su impacto en los pueblos originarios: “Los datos son territorio comunal” – EDUCA | Oaxaca: ONGs exigen que datos comunitarios sean reconocidos como Bien Comunal en la nueva Ley de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos – EDUCA | Ya existe la IA feminista en América Latina – EDUCA | Fotografía Surco

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