La vida los golpeó. Su lucha nació entre ruinas, pero su resistencia los hizo más fuertes, pues aprendieron a esconder el dolor y las heridas.
El pueblo ikoot de San Mateo del Mar sabe que la tierra no solo tiembla: también se hunde, se desborda y habla con el viento.
Y es que aquella noche del 7 de septiembre de 2017, la tierra no solo tembló con una magnitud de 8.2, sino que dejó cicatrices que el tiempo no logra cerrar o que se niegan a cicatrizar.
A nueve años de ese devastador terremoto, todavía hay grietas que el tiempo no logra cerrar y que se disimulan entre la maraña y el olvido.
Desde aquella fecha, cuando el terremoto meció como una hamaca esta franja de arena ubicada entre las lagunas y el Golfo de Tehuantepec, en el océano Pacífico, rompió el suelo, provocó que el agua subterránea brotara a la superficie, inundó las calles y hundió las viviendas de adobe y palma, el pueblo ikoot no había tenido una fiesta comunitaria.
Fue el miércoles 18 de agosto cuando San Mateo se vistió de fiesta. Las faldas de las mareñas bailaban al ritmo del viento.
Como un reloj de arena, doña Brígida Zaragoza y doña Valeria Ochoa se despertaron a las cuatro de la mañana para preparar el nixtamal y luego llevarlo al molino, hacer las tortillas y meterlas al comixcal (horno).
Mientras tanto, doña Juana Zepeda preparaba pollo enchilado, camarones y pescado, alimentos que los invitados degustaron en la casa de Lesvia Esesarte Boloes, poeta y rapera en su lengua materna, el ombeayiüts.
En su primera Fiesta Comunitaria de Energía Solar, Cocina y Saberes, las mujeres ikoots también fortalecieron el tequio —trabajo comunitario sin remuneración— como expresión de hermandad.
No es una fiesta tradicional, sino una demostración de sistemas fotovoltaicos, luminarias, fogones Tekoli, ollas solares, deshidratadores y otras tecnologías, con la que se busca mostrar que estos equipos pueden ser conocidos y utilizados por una población en condiciones precarias.
Frente a los proyectos energéticos de gran escala, orientados fundamentalmente al mercado, la experiencia del colectivo de mujeres ikoots Monapaküy y de la asociación civil Centro de Apoyo al Movimiento Popular Oaxaqueño (CAMPO) plantea otra escala y otro sentido para la transición energética: sistemas descentralizados, gestión local y tecnologías vinculadas directamente con las necesidades familiares y comunitarias.
Pedro Matías Entre el mar, el viento y el olvido: la resistencia del pueblo ikoot – | La Minuta Fiesta Comunitaria de Energías, Cocina y Saberes; experiencias del uso de energía solar en cocinas ikoots de San Mateo del Mar – EDUCA | Frena San Mateo del Mar extracción de material pétreo en desembocadura del río Tehuantepec – EDUCA | Fotografía Pedro Matías
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