Alternativas Oaxaca

El tequio, práctica autonómica solidaria

By 18 agosto, 2020 agosto 26th, 2020 One Comment Etiquetas: ,

Anastacio Cardoso Jiménez

Comunero y expresidente municipal de Santa María Tlahuitoltepec

Hablar de tequio, es hablar de nuestra organización en el trabajo colectivo que desarrollamos en la comunidad. Es como describir nuestra forma de vivir, de relacionarnos, de correspondernos los unos a los otros en situaciones de alegría o en algunas adversidades. El tequio que acostumbramos podemos decir que se da en lo físico-material, intelectual e ideológico y espiritual.

Cuando nos reunimos a realizar un trabajo para beneficio comunal, lo hacemos de manera colectiva, todos nos convertimos en una hormiguita transportando lo que se necesite o lo que haga falta en una obra. Por ejemplo; cuando se construyeron los primeros edificios en la comunidad, nuestros padres, madres, abuelos y abuelas cargaron a espaldas la arena, la grava, las piedras y/o apoyándose de los animales, principalmente de las reses para jalar las vigas grandes y polines. Así también formaron grupos para quemar la cal en cada una de las rancherías, desvelándose varias noches con el único fin de sacar con calidad el material.

El tequio es una de nuestras fortalezas para superar las dificultades, riesgos y desafíos. Es el tequio que nos ha permitido vivir y convivir comunitariamente. A través del trabajo colectivo hemos construido caminos, carreteras en algunas partes de la comunidad, sobre todo escuelas, casas de los Comités de Educación y edificios públicos. El tequio sigue siendo nuestra energía para atender nuestras necesidades más apremiantes en la comunidad, es en los hechos una práctica autonómica solidaria, complementaria y de servicio para enfrentar las adversidades. Esta forma de trabajo permite convivir, intercambiar historias ancestrales, sueños y proyectos de vida y de gobierno comunal. Muchos niños y jóvenes aprenden observando, escuchando, comentando y participando en la vivencia cotidiana. En el tequio no existe una opresión ni discriminación, todos participamos de acuerdo nuestras posibilidades y habilidades.

Para entender esta dinámica, es necesario participar y aportar lo que sabemos, lo que conocemos, consensar lo que nos interesa y finalmente tomar acuerdos sobre un asunto de interés común. Las ideas que se dan en una plática, en reuniones, todas tienen un lugar y un valor. Las aportaciones ideológicas se manifiestan para el colectivo, para la comunidad. Aquel o aquella que guarda sus ideas, es mal visto y se le critica de presumido y de arrogante.

En las diferentes festividades que se llevan a cabo en la comunidad de Santa María Tlahuitoltepec, los colaboradores del comisionado de festejo se reúnen tres o cuatro días antes que inicie la fiesta para acondicionar el espacio designado con anterioridad, los arreglos y adornos del mismo, levantar la tarima en casos necesarios, la lona, el traslado de las mesas, sillas, utensilios de cocina, las compras y las ofrendas a la naturaleza en alguno de los cerros previamente escogido por el comisionado. Es un tequio, que podríamos llamar espiritual porque trabajamos para celebrar el Santo Patrono o la Patrona de la comunidad, se da durante 5 cinco días ofreciendo comida a la Banda Filarmónica, a los jugadores y a los visitantes. Al término de la festividad nuevamente volvemos a recoger todas las cosas que se hayan ocupado. Para mantener esta tradición hay que erogar una cierta cantidad de dinero, pero como dicen en la comunidad “dinero hay, sólo necesitamos trabajar y tener un poco de fe”.

Los nuevos tiempos o, más bien dicho, en la era de la modernidad, el Estado ha impuesto ciertas reglas y criterios para ejercer el recurso económico asignado a cada municipio de acuerdo a un catálogo que muchas veces no corresponde al interés y necesidades de la gente, de las comunidades. Ahora son las empresas locales y de fuera las que llevan a cabo la construcción de las obras en el municipio, el dinero que recibe el municipio tiene una partida para pagar a sus trabajadores; el tequio ha sido relegado a segundo o a tercer plano. Estos tiempos nos han llevado a repensarnos y pensamos con fuerza, desde lo colectivo, para resistir frente a una pandemia que amenaza la vida, que la organización comunitaria nos recuerda qué es lo mejor, que cuidarnos y trabajar por el bien de la comunidad es la fuerza que necesitamos para vivir. Esperamos que nunca desaparezca.

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