Aunque el país figura entre los principales productores y exportadores de alimentos, miles de hogares no logran cubrir una dieta suficiente y nutritiva. El ingreso laboral escaso, el encarecimiento de la canasta básica y las desigualdades territoriales, los agrotóxicos explican por qué producir más no significa comer mejor.
Los diversos niveles de gobierno federal, estatal y municipal, así como los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, están fallando en garantizar que los alimentos que consume la población mexicana sean realmente saludables y que el aire que respira sea limpio y seguro; son muchos los retrocesos en materia de derechos humanos por alimentos intoxicados, consideró Rodrigo Llanes Salazar, especialista del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la UNAM.
En el panel titulado “Derechos humanos y sustancias tóxicas en la península de Yucatán”, organizada “con el propósito de reflexionar sobre un tema urgente para esa región”, el universitario indicó que el propósito de este encuentro fue señalar cómo los residuos del uso intensivo de plaguicidas altamente peligrosos “no sólo se encuentran en los alimentos que comemos, sino también en el agua, el suelo, el aire y directamente en los cuerpos de las personas debido de las fumigaciones aéreas con avionetas o drones”; también en el aire “pestilente que respiran muchas comunidades de la región, sobre todo aquellas afectadas por granjas porcícolas o avícolas”.
Por su parte David Lovatón, oficial senior de la Fundación para el Debido Proceso de Perú (organización de la sociedad civil que analiza problemáticas en el continente americano), indicó que en el mundo estamos en una época de retroceso en materia de derechos humanos, de intolerancia frente a la diferencia y de Estado de derecho. Precisó que desde 2015 detectaron en la Península de Yucatán problemas de derechos humanos y contaminación ambiental; ahora los hay de mayor magnitud, cuando han visto un preocupante crecimiento de diversas fuentes multicausales de vulneración de derechos fundamentales.
En esta década destaca en esa la región el crecimiento de inversiones inmobiliarias y hoteleras, así como de grandes infraestructuras, como el Tren Maya, que tanto rechazo ha tenido y que finalmente se impuso, además de las granjas porcícolas, las agroindustrias, los agrotóxicos, los monocultivos, todos los cuales han hecho grandes violaciones no sólo a los derechos humanos, sino también al ambiente, lo que afecta los derechos humanos de esta y de próximas generaciones.
A su vez, Bernardo Serrano González, oficial de Derechos Humanos de la ONU en México, indicó que en la península de Yucatán hay un cruce de muchos tipos de tóxicos y de impactos, por lo que “es un gran acierto que en el marco del Día de los Derechos Humanos (10 de diciembre) nos centremos en este tema y en Yucatán”.
Gaceta UNAM Alimentos intoxicados, un retroceso en cuanto a derechos humanos | Animal Político México es una potencia en la producción de alimentos, pero no garantiza la nutrición
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