Ayer domingo fue sepultado en el municipio chiapaneco El Bosque Alberto Patishtán Gómez, maestro tsotsil que pasó 13 años en prisión acusado falsamente de participar en una emboscada en la que fueron asesinados siete policías estatales en el año 2000. Patishtán murió el viernes 2 de octubre en la Ciudad de México, a los 55 años.
Tras su detención, Patishtán señaló que la acusación y la condena eran una venganza política del presidente municipal priista Manuel Gómez Ruiz, al que acusaba de corrupto, nepotista y represivo. Sus protestas se multiplicaron al calor del conflicto zapatista. El líder consiguió reunir miles de firmas y convocar múltiples manifestaciones con el fin de derrocar a Gómez Ruiz.
La periodista Ángeles Mariscal reporta desde el entierro: “No vamos a enterrar al Tatik, lo vamos a sembrar, para que su semilla germine en justicia, en dignidad y en libertad”, dijo durante el sepelio Miguel Zenon, uno de los activistas que acompañaron la campaña por su liberación. “¡Viva Tatik Alberto Patishtán!”, gritó. “¡Viva!”, le respondieron tres veces.
Patishtán fue el rostro más conocido de lo que las organizaciones de derechos humanos llaman “fabricación de culpables”, al referirse a indígenas condenados con testimonios dudosos, sin intérprete o sin una defensa adecuada. Su amigo de la escuela lo resumió frente a la tumba: “Alberto Patishtán era una persona que se preocupaba por el bien común, por el bien de la sociedad. Ese fue el delito más grave que cometió. Por eso lo encerraron”.
Patishtán fundó dentro de prisión La Voz de El Amate, una organización de presos que denunciaba torturas y procesos irregulares contra indígenas. El maestro organizó una huelga de hambre de varios presos que duró 41 días para pedir la revisión de sus casos.
El 19 de abril de 2013, día en que cumplía 42 años, miles de indígenas convocados por el Pueblo Creyente de la Diócesis de San Cristóbal marcharon por él en Tuxtla. Los acompañaban maestros de la Sección 7 del sindicato magisterial. Tras múltiples movilizaciones, el entonces presidente Enrique Peña Nieto se vio obligado a conceder el indulto a Alberto Patishtán Gómez y ordenar su inmediata libertad. Un tribunal federal le había negado meses antes el reconocimiento de inocencia, por lo que salió de prisión sin que judicialmente se reconociera que no había cometido el delito por el que fue condenado.
En libertad, el profesor Patishtán Gómez seguía denunciando casos de abuso de autoridad. En 2019, cuando un grupo de indígenas se puso en huelga de hambre para exigir su libertad o su sentencia, grupos de choque avalados por las autoridades penitenciarias golpearon a los huelgistas, hechos denunciados por Patishtán en medios nacionales.
Leonel Rivero, su abogado, recordó en el sepelio aquellos años: “La lucha de Alberto desafió a todo el Poder Judicial. Demostró que los indígenas, si se unen, pueden salir adelante”.
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