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Séptimo Encuentro de Defensoras y Defensores Comunitarios, entre la identidad y la cultura mixteca

By 5 noviembre, 2019 Sin Comentarios

Ñuu Ndoo Yu’u, es una de las comunidades Mixtecas de la costa Chica de Oaxaca con mayor arraigo cultural a sus tradiciones y costumbres, a pesar del embate constante de la modernidad sobre las poblaciones originarias, las y los habitantes de Pinotepa de Don Luis, recrean desde su cotidianidad, las tradiciones ancestrales que han heredado de sus abuelas y sus abuelos. Es en este místico lugar donde el veintiséis y veintisiete de octubre se llevó a cabo el séptimo Encuentro de Defensoras y Defensores Comunitarios de los pueblos de Oaxaca.

Abordamos el camino desde la madrugada, desde los Valles Centrales, el Papaloapan, la Sierra Sur y el Istmo de Tehuantepec, emprendemos el largo viaje hacia la Costa. Para algunas, el camino dio inicio desde la madrugada. Las últimas curvas en la carretera federal se desvían hacia Huatulco, extraño paréntesis sobre la geografía, ahí se interrumpen las casitas cercadas con madera o lámina, no se aprecian animales, todo es una línea continua sobre una amplia carretera. Las banquetas lucen el pasto recién cortado con precisión casi quirúrgica, la lluvia artificial provocada por los aspersores automáticos, falsa frescura sobre las calles estériles. Desde un anuncio, una familia de sonrisa frágil promociona las ofertas en hoteles de cinco estrellas. Los pequeños negocios quedaron atrás y dan paso a las tiendas rojas y amarillas de servicio exprés. La pausa en la gasolinera nos regala un pequeño brinco en el paisaje, breve vaso de café en un termo a la orilla del camino, apenas para continuar el viaje sobre la planicie costera.

Casi con el sol sobre nuestros hombros, hacemos una pausa para el desayuno, reposamos el cansancio en la playa, minúsculos granos de sal sobre la piel descalza, palapas de pulcra geometría sembradas sobre la arena, al fondo la bandera roja nos previene, el mar es un animal que ruge y se desgarra en esquirlas de espuma que fustiga la orilla. Después de sosegar las fuerzas, la caravana continúa avanzando. El día se nos fue escudriñando los senderos de las comunidades costeñas, Collantes, Morelos, Chicometepe, la carretera principal estaba en reparaciones por las constantes lluvias que anegaron la vía y destruyeron el camino. La desviación por Huazolotitlán nos permite continuar avanzando. En un punto, nos unimos a la caravana de camionetas de redila que se encargan de articular a la gente de todas las comunidades vecinas que convergen en Pinotepa Nacional, donde llevan a vender sus cosechas y sus animalitos para comprar el pan, el arroz, el café y lo que van necesitando. Lo de Candela, El Ciruelo, Cacahuatepec, San Juanito, Hierbasanta, Huazpaltepec, Mechoacán, El Vergel, San Lorenzo. Variedad de topónimos que nos regala parte de la diversidad costeña.

“Pasando Tlacamama una paloma dijo a mi oído…”

Las hebras de luz se cuelan por entre las ramas. Sobre el laberinto de árboles florecen las casas de tejas rojas; la lluvia sigue el camino sobre los canales para alimentar la memoria de los ríos. Las milpas sucumben por el peso del agua sobre la ternura de sus hojas, los árboles de mangos, tololotes, nanche y los almendros, guardianes sembrados a la vera del camino.

Para llegar a la comunidad de Pinotepa de Don Luis, hay que hacer el recorrido por las comunidades vecinas de San Miguel Tlacamama y el municipio de San Pedro Jicayán, a esa hora de la tarde, la gente, en su andar de hormigas afanosas, las abuelas en sus enredos púrpuras, hilos de tradición en movimiento. Sobre los muros de la casa del pueblo se expresan las tradiciones de la Costa Chica y su cercanía con el estado de Guerrero, la danza de los diablos, la danza de la tortuga y el baile de las mascaritas, jaguares y toros de petate. A las siete de la noche nos recibe la gente que desde días previos se ha organizado para los preparativos. Apenas un respiro para dar inicio al intercambio de experiencias: Cultura, identidad y memoria histórica, señora Zenaida Rita López, comparte sus saberes de tejedora en telar de cintura: “se hace el enredo, se hace blusa, bolsa, falda, bata, todo eso se hace con el hilo pintado, yo tengo cuarenta y tres años pintando el hilo, la pintura que trabajo era de mi madrina, se llama añil azulejo, se prepara, se echa sosa, al otro día ya está bien para pintar, se lava el hilo y se tiene que secar, luego se va poniendo el color, si quieren más negro se pone, la pintura tiene dos colores, azul y negro”. La señora Zenaida nos muestra las bolsas de telar que elabora y cuenta cómo aprendió de su abuela. Nos dice que, en su comunidad, son los hombres los que se dedican al labrado de la jícara tradicional, nosotras constatamos cómo estas labores ancestrales que son parte vital de sus actos cotidianos, también son actos de resistencia, el enredo mixteco es un entramado cultural, lenguaje ancestral tejido por mujeres que utilizan el telar como cartografía colectiva.

Como parte de este intercambio, don Nicolás Santiago Mendoza comparte los pasajes del libro que ha escrito de la historia de Pinotepa de Don Luis, a lo que se ha dedicado la mayor parte de su vida. Cuenta la relación que existe entre los pueblos de la Costa, como su comunidad primero era llamada Pinotepa la chica, para diferenciarla de Pinotepa la Grande, luego fue Pinotepa del Rey, por la encomienda de Don Luis de Castilla, que se encargó de varios pueblos de la costa, los nativos de Pinotepa tenían una vestimenta diferente a la que vestían los señores de Tlacamama, porque cada encomendero tenía que distinguir a sus súbditos, a la gente que tenían a cargo, tenían que conocerse por algún distintivo, los señores de San Juan Colorado, los de Jicayán, ya hay pocos señores grandes que visten calzón y cotón, el calzón de Jicayán en español se llama pitón, se retoma en el nombre para identificarla.

Mas noche, al sonido del violín, el cajón y la guitarra, da inicio el Fandango de Cajón o Fandango Mixteco, las y los defensores disfrutamos de la música de cuerdas y nos dejamos invadir por la alegría de la música tradicional. Niñas, niños, muchachas, señoras y señores, ataviados con la vestimenta cotidiana de Pinotepa de Don Luis, danzan descalzas cubiertas con sus enredos tradicionales y sus cotones de manta. La lluvia sigue, pero la danza también, y así, después de la cena, soltamos las amarras del cuerpo sobre los petates, arropados por el cansancio.

A las seis de la mañana del siguiente día emprendemos el camino que nos lleva hasta Pie de la Cuesta, el lugar donde las autoridades de la comunidad realizan los rituales para el pedimento para la lluvia. En un claro, a la sombra de un árbol milenario está colocada una cruz hasta donde se peregrina para llevar ofrendas y realizar ceremonias sagradas. Respiramos el aroma resinoso del copal que se extiende en lengüetadas de humo, sobre nuestras manos el ramito de siempreviva y la luz que nos rodea, al fondo, la mañana despunta sobre el cerro del bule, la neblina cubre los cerros y la brisa matinal nos envuelve la mirada. En un ritual íntimo, las y los defensores comunitarios, así como las y los integrantes de la cuarta generación de la Escuela de Defensores y Defensoras comunitarios, expresan gratitud y entraman sus voces, en callada monotonía emprenden plegarias para agradecer al dios de la vida la oportunidad de compartir ese momento. De regreso, caminamos entre el barro formado por la lluvia del día anterior. En el mercado todo es una fiesta de colores y sabores, deambulamos entre el tradicional pan de pico, el atole, las calabazas, el queso, el atole, las semillas de chompa tostadas, el fríjol, los ramitos de flor de calabaza, las servilletas tejidas, las ollitas de barro y los tamales. Después del nutrido desayuno las actividades continúan.

Las autoridades comunitarias y municipales de la comunidad mixteca de Ñuu Ndoo Yu´u, Pinotepa de Don Luis, dan la bienvenida a las y los defensores en el inicio del Séptimo Encuentro de Defensoras y defensores comunitarios. Agradecieron a las y los defensores por la organización y el trabajo de defensa de derechos humanos en el que se han involucrado desde su contexto comunitario.

Después del recuento del día anterior, se da paso a la primera actividad del día, el panel Mujeres: Resistencia y Espiritualidad, integrado por la Organización Comunitaria Monapaküy, la compañera de la radio comunitaria Voces de Mujeres en Red, y las compañeras del COPUDEVER comparten cómo su espiritualidad está relacionada con el río Verde, a quien le dedican rezos, cantos y flores en el día internacional dedicado al río Verde. Se enfatiza en la importancia de la relación espiritual de las comunidades originarias con sus entidades sagradas, desde su cosmovisión y cómo estas se expresan dentro de las formas de resistencia de los pueblos en la defensa de sus territorios. Las compañeras expresaron cómo la participación política de las mujeres ha ido modificándose dentro de las asambleas y los cargos de sus comunidades. Se menciona que a veces el trabajo de defensa de las mujeres responde a la división de roles dentro de las comunidades originarias y como su jornada laboral comienza desde muy temprano y termina hasta muy entrada la noche.

Un receso nos permite saborear los postres de la región para acompañar el cafecito de olla y visitar el espacio dentro de la Casa del Pueblo donde se venden prendas elaboradas por las señoras que se dedican al telar y al tallado de la jícara, actividades tradicionales de la comunidad, en este espacio se exponen los telares, huipiles de hilo de algodón natural elaborados en telar de cintura y teñidos con tintes naturales de pulpa de jícara y grana cochinilla, actividad económica con la que las mujeres complementan su economía, las familias también se dedican a la agricultura y a la ganadería pero mantienen estas actividades ancestrales vivas. Posterior al panel de mujeres, se organizan mesas de trabajo, donde, las y los compañeros expresan en plenaria, las reflexionen que les ha suscitado la palabra compartida de las compañeras, la participación política de las mujeres dentro de sus asambleas comunitarias y su lucha por la defensa de su territorio.

Después de la barbacoa y el agua de Jamaica que nos brindan para la comida las compañeras de Pinotepa de Don Luis, se presentan los resultados del diagnóstico Alternativas Comunitarias en Defensa de los Territorios que plantea que las comunidades y los pueblos originarios tienen su propias formas y maneras de relacionarse con su entorno y que estas formas de reproducir la vida tienden puentes entre lo cultural, lo económico, lo político y lo comunitario como una manera de responder a las constantes amenazas a sus territorios. Las actividades del segundo día de trabajo concluyen con la lectura del pronunciamiento elaborado por una comisión y enriquecido por las y los compañeros en la plenaria que se lee en el cierre del Séptimo Encentro de Defensoras y Defensores Comunitarios.

El canto de los topiles

Después de la larga jornada de trabajo, nos unimos a la fiesta compartida con la comunidad de Ñuu Ndoo Yu´u. A las nueve de la noche la gente se desborda por las calles principales de la comunidad, las autoridades y los Tatamandones, esperan sentados en una larga banca de madera, bajo el palacio municipal, a que dé inicio el recorrido que comienza por la calle que cruza frente al mercado, subimos hasta una cruz donde el primer canto se mezcla con beneplácito de la comparsa.

Desde la mañana se ha anunciado esta actividad en la bocina del municipio, la compañera Lucero comparte que esta actividad es: “para dar el anuncio de que ya estamos entrando a todos santos, el canto son poemas que le hacen a la mujer, se hace un recorrido por el centro de la comunidad, se detienen en las cruces, que son lugares sagrados, se hace el mismo recorrido que en el desfile o cuando hay alguna calenda. Por lo regular participan los hombres, porque son los que hacen el canto, los Alcaldes y Tatamandones, pero recientemente se han incorporado las mujeres”. Los Tatamandones son personas respetadas que realizaron alguna mayordomía y cargo comunitario, se les pide su consejo para asuntos relacionados con la comunidad.

El señor Abelardo, promotor cultural de Pinotepa de Don Luis, comparte que: “lo bonito de este canto es el mensaje espontáneo que improvisan en el momento, llevan el ukulele y la persona que quiere cantar puede hacerlo, ellos sacan lo que sienten, es un festejo de que culminaron el cargo sin problemas. Actualmente esta actividad se asocia con la llegada de los difuntos, por la proximidad de la fecha, se hace una representación de lo que los topiles hacían al entregar su cargo. Esta fecha es el cambio del cargo comunitario, el 28 los topiles reciben el cargo, cada 27 de octubre se hace la representación porque los topiles salían a cantar para desahogarse de todo el cansancio de haber llevado el cargo todo el año y para entregarlo al día siguiente. A la hora del recorrido se comparte el aguardiente, el curadito de nanche y los cigarros.

Con el canto de los topiles nos despedimos con gratitud de este lugar que nos dio abrigo por dos días y alientos para continuar con nuestra labor por la defensa de los derechos de las y los defensores comunitarios que resguardan sus territorios.

Salimos cuando la madrugada todavía se despereza sobre los cerros. La lluvia tiñe de tonos platinados el telón verde del paisaje. Bajo las gotas gruesas el horizonte se difumina, el camino es una acuarela que deslava la claridad y la neblina sobre el largo camino de regreso, la luz florece sobre el cempasúchil silvestre que bordean el horizonte y que ya anuncia la proximidad de la fiesta de Todosantos. La caravana, exhausta, dormita en las emociones que se asientan en nuestros corazones que todavía palpitan al ritmo del fandango mixteco.

Astrid Paola Chavelas

Red de Defensora y Defensores Comunitarios de los Pueblos de Oaxaca- REDECOM.

Luna púrpura en noviembre, 2019