Desde fuera los discursos sobre la paz en México frecuentemente abordan la solución a la violencia a través de fuerzas armadas e instituciones del Estado o con programas sociales diseñados por organizaciones y personas expertas. Por el contrario, la paz comunitaria ve la capacidad de construir paz viniendo desde las comunidades, que se centran alrededor del territorio, señala en su reciente articulo en El Topil, Guillermo Trejo.
Apunta que la paz comunitaria representa una idea distinta de paz: no significa solamente la falta de hechos violentos, sino tener la posibilidad de vivir con dignidad, defender el territorio, mantener la organización comunitaria y tomar decisiones sobre aquello que afecta la vida colectiva.
La paz no se rompe cuando los conflictos aparecen mientras existan estructuras para resolverlos. Sino lo que amenaza la paz es aquello que impide esos procesos: el despojo, la criminalización, el miedo, la imposición de proyectos y la destrucción de sus formas de organización.
Estos problemas se relacionan y, en muchos casos, se fortalecen entre sí. La violencia no consiste en hechos aislados, sino que es el resultado de relaciones de poder y condiciones que permiten que continúe.
Clave para prevenir eso es defender el territorio, que forma base de la vida comunitaria, pero también es donde la violencia tiene lugar. Para los pueblos indígenas de Oaxaca, el territorio es el espacio donde se construyen la memoria, la identidad, las relaciones comunitarias, la espiritualidad, el trabajo y las formas de vida.
Por eso, defender el territorio es también defender la posibilidad de vivir de acuerdo con las decisiones de la comunidad. Cuando el territorio se convierte únicamente en un recurso para la explotación económica, se rompe una relación más profunda entre las personas, la comunidad y la naturaleza. Entonces, fortalecer el tejido comunitario es una forma concreta de construir paz.
Los pueblos de Oaxaca ofrecen pistas para construir la paz cuando defienden el agua, se reúnen en asamblea, recuperan su memoria, organizan un tequio, defienden el territorio, exigen justicia y crean espacios para que nuevas generaciones puedan decidir sobre su futuro.
Desde esta mirada, la paz no es silencio, obediencia, control ni simplemente ausencia de violencia visible. Es la posibilidad de vivir con dignidad, decidir colectivamente, cuidar y defender el territorio y enfrentar las injusticias que amenazan la vida y los territorios.
Leer el artículo en El Topil 58. Construcción de paz desde los territorios | Imagen EDUCA Oaxaca
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