Los campos de Guerrero llevan semanas esperando una lluvia que no termina de llegar. Las primeras precipitaciones aparecieron a finales de junio, apenas lo suficiente para que algunos campesinos tomaran una decisión que siempre implica un riesgo: sembrar.
Después, el agua desapareció.
Las plantas quedaron pequeñas, detenidas sobre la tierra seca, justo cuando necesitaban humedad para crecer. La canícula —la llamada sequía intraestival— se presentó con mayor intensidad y duración de la habitual y las plantas quedaron detenidas justo cuando necesitaban agua para desarrollarse.
El cultivo más afectado es el maíz, que representa alrededor de 90 por ciento de las superficies dañadas, pero también la calabaza y el cacahuate comenzaron a resentirla.
La falta de lluvia ha provocado graves pérdidas agrícolas. Para el ciclo Primavera-Verano 2026, al menos 29 mil 433 hectáreas y 13 mil 138 productores de 24 municipios presentan afectaciones, de acuerdo con un informe de la Oficina de Representación de Agricultura en Guerrero publicado el 1 de septiembre. Las regiones Norte, Tierra Caliente, Centro y Acapulco concentran los mayores daños.
Otro reporte, elaborado dentro del programa Producción para el Bienestar, registraba ya 11 mil 285 hectáreas con pérdida total y 7 mil 888 con pérdida parcial en 23 municipios.
Las cifras oficiales permiten dimensionar el golpe, pero no cuentan toda la historia.
En las comunidades, los productores observan sus parcelas y hacen sus propios cálculos. Algunos ni siquiera sembraron porque las lluvias no llegaron a tiempo. Otros decidieron arriesgarse y ahora ven cómo las plantas apenas alcanzaron unos centímetros antes de detener su crecimiento.
“En Guerrero no hay una coordinación entre los actores, gobierno estatal y federal, para abordar la problemática”, advierte en entrevista para Pie de Página Arturo García, ingeniero agrónomo con especialidad en sociología rural.
Para García, la sequía de este año no puede explicarse únicamente como un fenómeno meteorológico. La canícula forma parte del ciclo climático, pero este año apareció en un contexto que agravó sus efectos. A esto, explica, se suma el fenómeno de El Niño, además de factores locales como los incendios y la tala ilegal, que han alterado el ciclo del agua.
El Monitor de Sequía de México reportó condiciones anormalmente secas en 50 municipios de Guerrero y sequía moderada en otros 20, principalmente en las regiones Norte, Tierra Caliente, Centro, Costa Chica y Montaña.
El resultado es un campo cada vez más vulnerable frente a fenómenos que dejarán de ser excepcionales.
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