¿Cómo viven las menstruación ciento de mujeres migrantes mientras recorren el país? En el presente reportaje producido en el taller de periodismo de investigación de la Universidad Autonoma de la Ciudad de México, Nefertari Leonor Hernández Fuentes y Jimena Avelar Antonio documentan las vivencias que atraviesan diversas personas en movilidad.
“El dolor empezó como un hilo fino en el vientre, algo difícil de ignorar pues sentía que la cintura se me iba a partir en dos y las piernas se me acalambraban”, nos cuenta Elena,mujer colombiana de 46 años que descansa hoy en las literas de la Casa de Acogida y Formación para Mujeres y Familias Migrantes (CAFEMIN) ubicada en el norte de la Ciudad de México, espacio dedicado a brindar refugio y acompañamiento integral a mujeres, niños y familias vulnerables en situación de movilidad. Para Elena, el miedo en la selva del Darién no siempre tuvo forma de jaguar o de algo desconocido que pudiera hacerle daño a ella o a su familia. A veces, el miedo tenía forma de una mancha roja en el pantalón.
“Cuando estás caminando por días, lo último que piensas es en tu periodo, pero el cuerpo no perdona, me llegó la regla en plena ruta y yo no tenía nada. Usé pedazos de una camiseta vieja que llevaba, pero la humedad del clima y la falta de agua para enjuagarme me causaron rozaduras que casi no me dejaban caminar.”
La experiencia de Elena no es un caso único, es el reflejo de un sistema que ignora las necesidades básicas de las mujeres en movilidad. La falta de productos de higiene y espacios privados y seguros se conoce como pobreza menstrual y en este contexto migratorio se vuelve una tortura silenciosa, que se invisibiliza en la mayoría de los casos.
En el tránsito migratorio, el dinero se prioriza para comida o transporte. En la ruta, un paquete de toallas sanitarias puede costar el equivalente a un día de alimentación, por eso, muchas mujeres deben elegir entre comer o comprar lo que necesitan para su periodo menstrual, sumado a esto no les sirve de nada tener una toalla sanitaria limpia si no hay un baño privado donde cambiarla o agua para lavarse las manos y el cuerpo. La pobreza menstrual puede derivar en infecciones urinarias y vaginales graves que, sin atención médica, pueden incapacitar a una mujer durante su viaje, volviéndolo más complicado de lo que ya es.
El Informe alternativo al Estado Mexicano sobre la situación de las mujeres en movilidad humana presentado en 2025 al Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW) de la ONU, organizaciones civiles y defensoras de las personas migrantes exponen una realidad alarmante: para las mujeres migrantes, la falta de acceso a productos básicos de higiene es una forma de violencia, y abunda que la carencia de kits de dignidad obliga a miles de mujeres a recurrir a métodos improvisados y poco higiénicos, poniendo en riesgo su salud y su integridad.
Este reportaje nos demuestra que migrar en un camino muy difícil, lleno de temor, cansancio y sobre todo lleno de necesidades humanas que especialmente para las mujeres se termina convirtiendo en una violencia invisible de la que casi nadie habla.
La menstruación en la ruta migratoria no se trata solo de un detalle de limpieza, es una batalla diaria por no perder la dignidad. Darnos cuenta de lo mucho que sufren las mujeres migrantes durante su periodo, nos hace entender que el sistema las tiene olvidadas, las leyes y protocolos del gobierno existen en un simple documento, pero en la realidad, la salud menstrual de estas mujeres la sostienen ellas mismas y su ingenio de sobrevivencia. El impacto más profundo no es físico, es emocional, pues estas condiciones las terminan orillando a sentir vergüenza de su propio cuerpo, a esconderse en la oscuridad para no sentir pánico por un proceso totalmente natural, el miedo que sienten por una mancha en el pantalón es deshumanizante. Ninguna mujer debería sentir que su propio cuerpo es su enemigo mientras busca una vida y oportunidades mejores. Menstruar con dignidad por su paso por México no es un lujo, ni un favor. Es el derecho más humano y básico que se merecen, cuidar su cuerpo con intimidad, seguridad y respeto.
Reportaje completo Menstruación digna mientras se migra por México por Nefertari Leonor Hernández Fuentes y Jimena Avelar Antonio
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