Skip to main content
La Minuta

Esclavos en la Sierra Tarahumara

Esta es una investigación de Marcela Turati, Thelma Gómez Durán y Eliezer Budasoff, respaldada por ‘Quinto Elemento Lab’ y ‘A Dónde Van los Desaparecidos’, documenta redes de trata y trabajo forzado del narco en la Sierra Tarahumara, donde decenas de hombres fueron esclavizados en campos de amapola y marihuana. Aquí un fragmento de la misma.

1.- BAR. Los aparecidos. El hombre tomó la decisión cuando llegaron los más chicos. Eran dos adolescentes; el más grande parecía de unos 15 años como mucho. Los escuchaba llorar por las noches. Si me voy a morir acá—pensó—, mejor me muero tratando de sacar a estos chavos. Esperó días. Semanas. Meses. Una tarde, después de acarrear agua de un arroyo cercano desde el amanecer, le ordenaron que se llevara a uno de los muchachos para que lo ayudara y sintió que era el momento. De camino, mientras nadie los vigilaba, le propuso escaparse. Siguieron el cauce aguas abajo y caminaron por el bosque hasta que se hizo de noche. Se refugiaron en una cueva; desde ahí vieron las luces de las lámparas. Los estaban buscando. Al día siguiente no se movieron. Esperaron a que oscureciera de nuevo para salir, porque el camino era una especie de trampa: del otro lado del arroyo se levantaba una montaña enorme, con laderas de piedra tan empinadas como un muro, que solo les dejaba una dirección posible para seguir. Dos días caminaron sin agua, sin comida, entre los pinos, hasta que dieron con la carretera. Le pidieron ayuda a una pareja que iba en camioneta, se subieron atrás y consiguieron llegar a Pedernales, un pueblito maderero donde el hombre tenía familiares. Ellos llamaron a su mamá. Llevaba tres años sin tener noticias de él. Había salido de la casa donde vivía con ella y con su hermana, en la ciudad de Chihuahua, una mañana de agosto de 2015. Iba al centro a tramitar su Seguro Popular y desapareció. Nadie volvió a saber de él hasta ese momento: era junio de 2018.

BAR, las iniciales con las que registraron su declaración en la Fiscalía General de Chihuahua, denunció que todo ese tiempo había estado cautivo de un grupo criminal, forzado a cultivar amapola y marihuana desde el amanecer hasta la caída del sol en un campamento con decenas de hombres más, muy adentro de la Sierra Tarahumara. La situación que describió entonces parecía una escena de explotación de indígenas en las haciendas de América Latina hace más de dos siglos; una de esas imágenes que la cultura popular nos ha legado sobre la esclavitud pero en el presente, sin cadenas, con la brutalidad y las armas del narco mexicano. Los hacían dormir en el suelo, en cuevas de piedra donde cabían hasta 30 personas, declaró BAR. Les daban dos comidas al día: algo de frijol y sopa, a veces un poco de harina de maíz con agua y azúcar para que aguantaran. Los obligaban a drogarse, dijo. Si no trabajaban como ellos querían, los golpeaban con varas de encino, los amarraban a los árboles durante días o los dejaban sin comida.

A veces, declaró, los vigilantes les ordenaban que se violaran entre ellos como castigo. “Me tocó ver que mataban a algunos de mis compañeros”, dijo. Uno de ellos murió ahogado. “A otro lo golpearon con el arma, con los puños, hasta que lo mataron”. A otro lo empujaron de un barranco. Pensó que nunca iba a salir de ahí.

Marcela Turati, Thelma Gómez, Eliezer Budasoff Esclavos en la Sierra Tarahumara | Investigación Especial | Aristegui Noticias | Una investigación de A Dónde van los Desaparecidos Esclavos en la Sierra Tarahumara | Ilustración de Alejandra Saavedra

Loading