El próximo domingo 31 de mayo se celebrarán las elecciones presidenciales en Colombia con 11 candidatos y considerada como una de las más polarizadas. La etapa previa estuvo marcada por debates en los que se analizaron propuestas del gobierno saliente de Gustavo Petro, la seguridad y las relaciones con Estados Unidos.
De la lista de candidatos, tres de ellos sobresalen como los principales favoritos para el período 2026-2030. Estos candidatos son Iván Cepeda, candidato de Pacto Histórico que garantiza la continuidad del proyecto de izquierda actual; el abogado Abelardo de la Espriella, fuerte contendiente de la derecha colombiana; y la senadora de Paloma Valencia, representante del Centro Democrático. Si ninguno de los candidatos alcanza más del 50 por ciento en esta primera ronda, se efectuará una segunda el próximo 21 de junio.
En el actual escenario electoral colombiano pueden identificarse narrativas y proyectos políticos que expresan esta reconfiguración, lo que podría denominarse un paramilitarismo 2.0 “que ya no opera exclusivamente con fusiles, sino también mediante narrativas de seguridad, captura institucional, campañas de miedo, lawfare, redes económicas y poder electoral regional”, analiza Jorge Freytter Florián, un conocido militante popular colombiano exiliado en el País Vasco.
La candidatura de Abelardo de la Espriella representa sectores que reivindican agendas autoritarias y punitivistas, articuladas con discursos de mano dura, securitización de la vida pública y alineamientos regionales de confrontación. Por su parte, la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, apoyada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, encarna la continuidad de una tradición política ultraconservadora asociada históricamente a apellidos influyentes del poder colombiano. Ambas candidaturas, apoyadas por sectores ultraconservadores religiosos, “reproducen elementos centrales del proyecto contrainsurgente: criminalización de la protesta social, deslegitimación de los procesos de paz, exaltación de la militarización y defensa de privilegios históricos de las élites políticas y económicas” reitera Freytter.
Frente a este panorama, el conjunto del Movimiento Social y Popular y el Pacto Histórico plantean una ruta política orientada a profundizar la democracia, fortalecer la verdad, la justicia social y las garantías de paz. Estas apuestas se expresan en referentes políticos como la candidatura de Iván Cepeda y la candidata a la vicepresidencia Aída Quilcué, una reconocida lideresa indígena, que en el cierre de campaña llamó a la autocrítica en la izquierda para abocarnos en lo que se debe transformar y qué cambios profundizar; hizo una advertencia frente al error de dejar de caminar junto al pueblo, y se comprometió a atender las causas de la desigualdad y la pobreza.
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