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Agenda 2026, Danzas Comunitarias

La piel, ese instrumento delicado/ que me limita/ me sirve también como una espora.

Ana María Rodas

El calendario despierta con un son, pulso que nace descalzo. A través de la danza, a través de la tierra, del ejercicio místico de poner en el mismo compás, cuerpo, intuición, corazón y alma, las expresiones representan las actividades que dan sustento a la vida y que en tiempo de fiesta se convierten en ritual, en pedimento de la lluvia de los pueblos y las comunidades de Oaxaca.

Las mujeres se levantan con la mañana, tienden sobre sus cabezas las flores con las que adornarán sus canastas, en su danza representan el sentido del mundo que las rodea. Los jardineros de San Raymundo Jalpan, los tejorones de San Lucas Atoyaquillo, mujeres y hombres de Santa Catarina Minas invocan con sus pies la abundancia de la tortilla, el tepache y el mezcal. Con el ritmo celebran, ofrendan, protegen las entidades que habitan sus sagrados territorios, ríos, semillas, saberes, voz antigua en los pasos del jarabe, en las vueltas del fandango: danzar es resistir, el cuerpo es territorio, frontera viva, raíz en movimiento.

Las danzas guardan el sentido comunitario de la gente de los pueblos. En San Mateo del Mar, los hombres y mujeres recrean la pesca, la caza del pez sierra, ritual que une mar y viento, la vida se sostiene en equilibrio con la naturaleza que es padre y madre para los mero Ikoots. En Yalálag, los Huenches invocan a la diosa de la tierra, piden lluvia y maíz; en Tututepec los diablos se burlan del poder que intenta dominarlos.

Al danzar, los pueblos se nombran, se reconocen, se afirman frente al olvido. Cada paso es un rezo que florece, danzar es levantar una trinchera, decirle al mundo que la piel de la tierra está viva, que el territorio late en cada acorde de la jarana, en cada fandango, en cada corazón al compás de la tambora.

La danza, en su dimensión simbólica, traza la gramática de lo sagrado: los cuerpos sobre el aire, escritura invisible, la vida, la muerte, la lluvia y la cosecha se encuentran en equilibrio. En ella se reconecta el tiempo y el espacio, se funde el pasado con las formas del presente. Al danzar se invoca, alegoría de lo sagrado, memoria viva y ancestral paradoja. La danza crea, protege y renueva lo comunitario. Se construye a través del trabajo, la fiesta, lo vital y lo sagrado. Cada bordado es un símbolo, cada greca representa en cada traje la comunión entre la tierra, el mar, las flores y los animales.

La danza es revelación manifiesta, consonancia entre el cuerpo-territorio que se habita, el cuerno de venado atraviesa el caparazón de la tortuga, la flauta es una invocación, silbido que convoca al viento.

Las mujeres danzan sobre las redondas tortillas puestas en el comal. El fuego se extiende y se comparte, se agradece, se sana el cuerpo, a través del movimiento el alma resiste. El jarabe, el fandango y la calenda declaran: al danzar, pueblos y comunidades reafirman su derecho a cuidar sus lagunas, sus montañas, sus ríos; el futuro y el pasado en conjunción. El movimiento se convierte en raíz, horizonte y puente: hunde los pies en la historia, abre caminos al porvenir, eleva la voz, sintoniza el cuerpo en el pulso comunitario, que, a través de la alegría, defiende el territorio y la vida.

La presente agenda muestra algunas danzas que se practican en las comunidades de Oaxaca. Danzas que revindican los saberes comunitarios y que son manifestaciones de defensa del territorio y una manera de ejercer los derechos colectivos.   Esa es la finalidad de la agenda, defender lo común, lo propio, lo comunitario.

Astrid Paola Chavelas.

Noviembre en el puerto, luna en sagitario.

Red de Defensoras y Defensores Comunitarios de los Pueblos de Oaxaca – REDECOM.

Servicios para una Educación Alternativa A.C.- EDUCA.

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